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Museo de la mina de Arnao

Un viaje a la cuna del carbón

La lágrima de Zinc

LA LÁGRIMA DE ZINC Los últimos mineros salieron de las galerías llevándose los utensilios de hierro. Era el año 1915 y los directores de Arnao habían ordenado el cese de los trabajos. Después de un siglo, todo quedó en silencio. Las vagonetas dejaron de correr por los raíles, las luces se apagaron, el interior del acantilado, atravesado por un sinfín de agujeros, regresó a la misma situación en que había permanecido muchos siglos antes de la llegada de los belgas. Y en la superficie, el castillete de madera dejó de funcionar. Los últimos trabajadores cerraron con gran estruendo el portón de madera. Tan grande fue el golpe que del edificio se desprendió esta lámina de zinc, plateada como una luna de verano. Las mujeres de los mineros la recogieron y la guardaron, pues decían que no era un trozo de metal sino una lágrima del castillete, que de esta manera quería demostrar su tristeza por verse abandonado. Y así ha permanecido hasta el día de hoy, la última lágrima del último día de trabajo, con el color de la luna, gris y blanco, gris y blanco.